Elecciones en Marruecos: el futuro de los derechos y libertades

Diego Blázquez

Ayer se celebraron las elecciones legislativas en Marruecos. Se trata de las segundas elecciones generales celebradas bajo la reformista Constitución de 2011 que, en el contexto de las protestas populares de la Primavera Árabe, estableció la parlamentarización de la Monarquía y un régimen de derechos y libertades más desarrollado, expresamente en línea con los estándares internacionales.

La importancia de estas elecciones se debe a que el país se encuentra en la encrucijada de afrontar y culminar esas reformas, o por el contrario discurrir por el frustrado camino de otras manifestaciones de la Primavera Árabe, fruto de las tensiones seguridad/libertad y liberalización/identidad (esencialmente religiosa). La primera concreción o resultado de estas reformas será el establecimiento (o no) de un completo sistema de derechos y libertades, frente a las tentaciones del autoritarismo político o el fundamentalismo religioso.

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En este sentido, el resultado electoral se hace aún más interesante porque tras la caída (parcial) de Ennahda en Túnez, los islamistas de Marruecos son ya los únicos que siguen en el poder tras los sucesos de 2011-2012. Su moderación en temas sociales y morales, y su discreto pero eficaz programa de islamización indirecta de la sociedad son las claves de sus posibilidades de mantenimiento en el poder.

Para valorar estas elecciones hay que partir de la decisión del Ministerio del Interior que en agosto decidió no permitir la elaboración, publicación o difusión de encuestas de intención de voto desde el 9 de septiembre. Las últimas encuestas publicadas daban un resultado ajustado entre los islamistas moderados del PJD (Partido de la Justicia y el Desarrollo) y el PAM (Partido de la Autenticidad y la Modernidad). El PJD ganó las elecciones municipales y regionales del año pasado, haciéndose con la práctica totalidad de los grandes municipios y zonas de alta población urbana. Estas previsiones se han confirmado y con un 90% escrutado, el PJD ha ganado las elecciones, a cierta distancia del PAM, en espera de los resultados de los escaños de circunscripción nacional, las llamadas «listas nacionales».

Independientemente de los resultados, lo cierto es que a lo largo de los últimos años se ha producido una fuerte polarización de la sociedad marroquí entre estos dos partidos. Representan la lucha entre la progresiva islamización de la vida social y una visión liberal en lo económico y social, de la mano de la secularización. Estas diferentes visiones provienen de una diferente concepción de los derechos fundamentales, su protección y su promoción por parte de los poderes públicos. Se trata de una cuestión que no resolvió la Constitución de 2011, que a pesar de proclamar su compromiso con los derechos y libertades “tal y como son universalmente reconocidos”, al mismo tiempo establece de manera transversal una excepción o límite a los mismos en los valores “constantes” del Reino y su identidad histórica (por ejemplo expresamente en materia de igualdad de género).

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Esta aparente disyuntiva se ha llevado al terreno político. Así, mientras que el PJD mantiene una visión colectiva y culturalista de los derechos, el PAM se inclina por una concepción más individual y subjetiva de los mismos, especialmente en lo que se refiere a los derechos relativos a la libertad individual. No obstante, ambos coinciden en la necesidad de mejorar las condiciones de vida de los marroquíes a través de políticas sociales y desarrollo de los servicios públicos. Aunque de nuevo, ambas visiones difieren en los métodos y políticas a desarrollar. La única candidata que ha mantenido un enfoque de derechos en lo relativo a los servicios públicos es Nabila Mounib, de la coalición de izquierda democrática (FDG), que ha logrado unir a varios partidos de izquierda, y que ha centrado su campaña en la reivindicación del valor de la dignidad de los marroquíes, siguiendo la retórica de la Primavera Árabe y del conocido como “movimiento 20 de Febrero”.

El PJD encabeza actualmente una coalición de gobierno junto con los excomunistas y el partido independiente RNI (Unión Nacional de Independientes, por sus siglas en francés). Para muchos esta coalición es fruto de un equilibrio entre la mayoría parlamentaria (a quien el Rey tiene la obligación constitucional de nombrar en la jefatura del Gobierno) y los intereses de Palacio y del status quo social y económico. En los últimos meses el PPS (Partido del Progreso y el Socialismo, antiguo Partido Comunista) ha roto ese equilibrio criticando abiertamente el poder en la sombra del Gabinete Real al grito de tahakoum (autoritarismo). Igualmente, el RNI ha acusado al PJD de dividir a los marroquíes usando la religión. Sin embargo, todo esto parecen mas bien querellas puramente electorales, y hay indicios de que se repetiría esa coalición en caso de que el PJD volviera a necesitarlo. Así lo ha dicho expresamente el líder del PPS, partido que además ha gestionado Ministerios de mucho impacto social, como Sanidad, Empleo o Fomento.

Dada la previsión constitucional por la que el Jefe de Gobierno debe ser de la fuerza política con mayor número de escaños, habrá que ver si la aritmética parlamentaria y los equilibrios políticos y sociales propios del Reino Alauí permiten reeditar esa coalición u otra alternativa y que peso tienen en ella los partidos laicos.

No obstante, más allá del eje secularización/islamización, los grandes asuntos políticos no van a variar mucho, respecto de las actuales orientaciones de Estado. Por un lado, la cuestión de la seguridad nacional y la lucha contra todo tipo de extremismo terrorista es absolutamente crucial, pues se considera esencial como principal síntoma de la singular experiencia marroquí de transición en la estabilidad. Además, es clave para mantener el turismo (que este año ya ha sufrido una fuerte caída) y las inversiones extranjeras (no vinculadas a las monarquías del petrodólar, más asociadas a la cooperación militar marroquí). Igualmente, una política que no va a cambiar es la promoción de un Islam moderado y tolerante, bajo el mandato del Monarca en su naturaleza de Comendador o Príncipe de los creyentes, que fija una ortodoxia muy clara alejada de todo extremismo y violencia (como hizo el Rey en su discurso del trono del pasado mes de julio).

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Finalmente, la orientación neoliberal y fuertemente privatizadora va a continuar, tanto en políticas estrictamente económicas como de servicios (ya muy fuerte en sectores como la educación o la sanidad) y fuertemente ligada al partenariado con la economía europea, que por ejemplo también se manifiesta en la continuidad de la política de inmigración.

En política exterior, el gran cambio que ha supuesto la vuelta (condicional) de Marruecos a la Unión Africana ya se ha realizado y se ha hecho bajo el mando de los tecnócratas de Palacio y altos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores, bajo el paraguas del Ministro Mezouar (del RNI). Seguirá la alianza euroatlántica de Marruecos, respecto de Occidente, y la colaboración con Arabia Saudí en el conflicto de Levante. Por supuesto, la cuestión de Sáhara Occidental, está fuera de toda discusión política, y se produce en un clima de unanimidad entre todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria.

Y a esta aparente inamovilidad de los elementos más importantes de las políticas públicas también responde la fuerte abstención que se ha producido en estos comicios, que tan solo ha llegado al 43% de votantes inscritos, por lo que realmente es la abstención quien claramente ha ganado estas elecciones, ante todo teniendo en cuenta que se trata de potenciales votantes inscritos que no han ejercido su derecho al voto efectivo.

A pesar de ello, sin embargo lo cierto es que desde el punto de vista de los derechos pueden ser unas elecciones trascendentales, muy importantes para Marruecos porque lo que está en juego es la progresión de la política de cambios, reforzamiento del Estado de Derecho y la Democracia iniciadas en 2011 y consagradas en la Constitución de 2012. Este sí que es y ha sido un espacio de abierta pugna entre diferentes visiones políticas, sociales y culturales, como ya he señalado.

A lo largo de este quinquenio de mandato del PJD pocas de esas reformas han culminado y la mayoría de grandes leyes orgánicas de desarrollo de la Constitución siguen pendientes de adopción parlamentaria, así como algunas grandes reformas democráticas, como la Carta de la Justicia. Hay sectores de la sociedad muy desengañados respecto de esas expectativas iniciales. Muchos culpan al PJD por su inexperiencia, su falta de capacidad o su falta de voluntad. Otros, islamistas o no, culpan al status quo de impedir el desarrollo de las potencialidades que implicaba la Carta Magna, elaborada en el contexto de las revoluciones árabes. Por eso, en ese “cambio tranquilo” o dentro de la estabilidad, juega un papel esencial la gestión de las expectativas y frustraciones de unos y otros.

No obstante, junto a todos estos elementos (inexperiencia del PJD, incapacidad y falta de voluntad de algunos de sus mandos o por parte de la estructura básica del Estado), tras el cierto bloqueo institucional que impide un avance más rápido de las reformas, también late la dificultad de alcanzar acuerdos debido al equilibrio de las fuerzas políticas y sus orientaciones programáticas. Dentro de este bloqueo, se encuentra el Plan Nacional de Derechos Humanos y Democratización que fue elaborado entre 2011 y 2012 y que a lo largo del mandato del PJD no ha sido aprobado por el Gobierno. Tampoco se ha logrado aprobar la ley de lucha contra la violencia contra las mujeres, por citar otro ejemplo de compromisos no cumplidos en el ámbito de los derechos.

Incluso, se ha producido un retroceso, o al menos una amenaza de retroceso en normas de definición jurídica y garantía de derechos fundamentales, como pueden ser el anteproyecto de Código Penal o la adopción de un nuevo estatuto legal de la Institucional Nacional de Derechos Humanos (CNDH), a quien todavía no se ha asignado el mandato de Mecanismo de Prevención de la Tortura, pese a los anuncios realizados a bombo y platillo en 2014.

Y en ese sentido, las alianzas parlamentarias y de gobierno resultantes de estas elecciones pueden ayudar a desbloquear la situación en un sentido o en otro, y es por ello que pueden ser muy relevantes. También puede ser que el equilibrio no varíe sustancialmente; entonces, deberá seguir el difícil baile de avance y retroceso que se lleva ejecutando durante el último quinquenio, donde unos partidos se vigilan a otros, y el “Estado profundo” a todos ellos.

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Fotos: 1. Parlamento de Marruecos. 2. Partido islamista (gobernante). 3. Partido Nacional (primer partido oposición). 4. Bandera de Marruecos.

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