El baile y el naufragio. En el día internacional de los refugiados

Javier de Lucas

¿Qué se puede añadir, que no esté ya dicho, sobre el infierno que viven los refugiados y sobre la ceguera europea? ¿Quizá repetir que aquellos que nos parecen un problema irresoluble, los refugiados sirios, son sólo un pequeño porcentaje de los 60 millones de personas que tratan de encontrar un lugar seguro fuera de su hogar? ¿Insistir en que no son delincuentes, sino sujetos de derechos cuya garantía es un deber exigible precisamente a nosotros los europeos, porque así lo prometimos y nos comprometimos al firmar convenios y protocolos que son derecho vigente, obligatorio, en nuestro país, para todos nosotros? ¿Comparar el desafío que afronta Europa con lo que les toca asumir a países como Líbano, Jordania, Iraq, Pakistán, Kenia, Somalia?

En este Día Mundial de los Refugiados, habrá quien insista en la dimensión humanitaria de la cuestión, en su carácter de tragedia. Esa es una imprescindible tarea de información y concienciación. Para ello, bastará con exhibir algunas de las terribles imágenes, videos, documentales, como por ejemplo el que expone ahora el director de Periodismo humano, Javier Bauluz, en el Centro Niemeyer de Avilés, en su imprescindible “Buscando refugio para mis hijos”. O volver a escuchar los testimonios de desesperación de las madres que pierden a sus hijos en el mar, o de los voluntarios de tantas ONGs que entregan su vida, su tiempo, en el esfuerzo de prestar socorro a quien nada tiene.

1. Javier Bauluz.

Algunos escogeremos la vía de mostrar la diferencia entre los deberes que tenían que asumir la UE y los gobiernos de los Estados miembros y lo que han hecho en realidad. Porque eso, creo, es lo más grave de todo, como traté de señalar hace casi un año, en septiembre de 2015, al publicar el libro Mediterráneo: el naufragio de Europa. En ese momento, ya en coincidencia con lo que apuntaban Cécile Duflot, Zygmunt Bauman, Danièle Lochak o Giorgio Agamben, sostuve que lo que los europeos –desde una perspectiva miope– veían como crisis de refugiados, era algo completamente distinto y aún peor que esa tragedia. Hoy casi todo el mundo (menos nuestros ensimismados gobernantes) está de acuerdo en ello y esta crítica es moneda común. No, lo que sucede ante nuestros ojos no es sólo ni aun principalmente una crisis humanitaria. Naufraga la credibilidad del proyecto europeo, por la opción por un modelo de fortaleza privilegiada para los que somos de aquí, que abandona el compromiso de hacer de Europa un santuario del Estado de Derecho, un espacio de libertad, seguridad y justicia que se mueve por el ideal de la lucha por los derechos, derechos de todos, derechos para todos. Quiero decir que lo que está en juego (y lo ha señalado entre nosotros, por ejemplo, Itziar Ruiz Giménez) es nuestro compromiso con la protección de los derechos, que parece pasar de un compromiso universal a una obligación selectiva, que deja fuera del paraguas de protección jurídica cada vez a más seres humanos, en línea con el proceso de expulsión denunciado por Saskia Sassen como efecto inevitable de la actual fase del modelo neocapitalista de mercado global.

Europa ha cerrado los ojos casi hasta ayer, como un avestruz. Tuvimos un primer aviso en 2013. Nos negamos a tomarlo en serio. Mientras naufragaban no sólo los refugiados, sino también eso que es la razón de ser de Europa, la lucha por los derechos y el imperio de la ley, nosotros bailamos, ajenos al fin de una época. Esa imagen no es mía. La tomo prestada de uno de los mejores relatos sobre esta crisis, la nouvelle de Maylis de Kerangal À ce stade de la nuit, que he tenido la suerte de leer gracias al consejo de una imprescindible amiga. Un cuento que, a partir de una noche de desvelo de su protagonista, el 3 de octubre de 2013, acierta a establecer la relación entre el naufragio y el baile que es el fin de una época, mediante el vínculo entre dos Lampedusa.

2. Libro javier-de-lucas-364x273

Una, claro, es la isla más próxima a la costa norteafricana, al sur de Sicilia. Lampedusa, frente a la que, en esa madrugada, perdieron la vida en un naufragio 350 refugiados e inmigrantes. Esa noticia, transmitida por la radio, sorprende a la autora al filo de la media noche. Y advierte lo que va a suceder: Lampedusa desde ese momento es sinónimo de tragedia, que golpea inopinadamente a la opinión pública europea, ciega frente a esa aventura de riesgo que es cruzar el Mediterráneo en las embarcaciones de desecho que utilizan las mafias. Y aunque al principio se hablaba sólo de inmigrantes, las nacionalidades de los fallecidos (eritreos, somalíes, libios), abren los ojos a lo que en el lenguaje técnico-burocrático se designa como flujos mixtos, para admitir que están llegando –y muriendo–también refugiados. Lampedusa y sus habitantes, simbolizados en la enérgica alcaldesa, Giusi Nicolini, es también muy pronto sinónimo de la revuelta de los ciudadanos europeos de a pie, frente a la hipocresía y la falta de voluntad política de los gobernantes europeos, que derraman lágrimas de cocodrilo y dejan pasar el tiempo para que se olvide la responsabilidad al menos por omisión. Lampedusa es el grito, vergogna, vergogna! con el que esa población increpa a los Durao Barroso y demás gerifaltes que parecen carecer del sentido del respeto a la vida de quienes, en definitiva, no votan y, por tanto, no existen. Un deber sagrado, el de prestar socorro para salvar las vidas en el mar, que las gentes de la isla, como todos los pueblos marineros, tienen como imperativo sagrado de conducta desde tiempo inmemorial.

Pero el topónimo reenvía también a Giuseppe Tomasi di Lampedusa, el autor de El Gatopardo. La imaginación de Maylis de Keranga, le lleva a establecer un vínculo entre el naufragio y la maravillosa secuencia del baile en la extraordinaria versión cinematográfica de Visconti (en la colección Cine y Derecho, el libro ha sido objeto de un análisis interesantísimo por parte de los profesores Jorge Correa y Sergio Villamarín).

Nadie que haya visto el film puede olvidar la larga secuencia de ese baile en el palazzo de Pontoleone, en el que brilla un extraordinario grupo de actores, encabezado por un Burt Lancaster, el aristócrata del cine, insuperable en el papel de Fabrizio, el príncipe de Salina (antepasado del propio Lampedusa). El baile, verdadero canto del cisne del mundo de Fabrizio como sugiere con agudeza la misma de Kerangal, es la puesta en escena del fin de un mundo, de una sociedad, de una época que agoniza en su decadencia y que va a ser sustituido por otro, el de la nueva burguesía, que encarnan Don Calogero y su bella hija Angélica. Aunque entre los del viejo mundo hay quienes, como el sobrino del príncipe, Tancredi, tratan de negociar: plus ça change, plus c’est la même chose, que dejó escrito Alphinse du Karr antes de que Lampedusa ponga en bioca de Tancredi su famoso “Se vogliamo che tutto rimanga come è, bisogna che tutto cambi”.

Laura Navarro

La Europa envejecida, que camina hacia su decadencia, hacia su irrelevancia en la política global, por su empeño en encerrarse en su privilegiado jardín convertido en fortaleza inútilmente amurallada (como ha explicado Wendy Brown), puede bailar esa danza final, ajena a que su oportunidad de rejuvenecimiento depende en buena medida de una política migratoria y de asilo justa, atractiva y eficaz. Pero no, aquí domina la visión instrumental y cortoplacista, porque gobernantes (y medios de comunicación) ceden a la fácil tentación del mensaje simplista de la inmigración y el asilo como amenaza para nuestro privilegiado nivel de vida, para nuestro modo de ser, que les sirve para acarrear el voto del miedo.

Por eso, la política europea (y española) de asilo e inmigración es lampedusiana: cambiar algo para que todo siga igual y, sobre todo, que el cambio no nos afecte. Por eso, como el avestruz, creemos que es mejor no tener esa realidad ante nuestros ojos y hacer que se encarguen otros, los no europeos: los propios países africanos, o Turquía, como en el ignominioso acuerdo entre la UE y Turquía por el que, a cambio de 6000 millones de euros y la exención de visados a los ciudadanos turcos, arrojamos a todos los “excedentes” en manos del cada vez menos fiable Erdogan.

Claro que todo es susceptible de empeorar: acabamos de escuchar a Sarkozy, que ha recogido la vieja idea que expuso Aznar en el Consejo Europeo de Sevilla de 21 y 22 de junio de 2002: llevar los hotspots de selección de inmigrantes y refugiados y también los propios CIE al otro lado del Mediterráneo. Así no nos molestarán las imágenes de masas de desarrapados acosando nuestras fronteras, como las del poster del UKIP exhibido por Neil Farrage como falaz argumento para apoyar el Brexit .

Frente a esos mensajes que, por su simplificación, calan fácilmente en la opinión pública, no podemos combatir con buenismo a su vez simple, del tipo del bienintencionado pero estéril hagstag #Mediterranisomriure. No, no basta con sonreír y animar a ser felices. Hay que denunciar que esta política de asilo y sus instrumentos, son graves violaciones de derechos y, en realidad, destruyen el derecho de asilo. Así lo ha hecho la organización MSF, que ha anunciado su renuncia a seguir recibiendo subvenciones de la UE mientras ésta siga practicando esta inaceptable política migratoria y de asilo.

Sobre todo, hay que garantizar un derecho imprescindible para millones de personas que buscan la protección más elemental, la que les garantiza el sistema de derecho internacional de asilo, porque les ofrece ante todo el derecho a tener derechos. Eso significa cambiar la política europea y española de asilo. No nos equivoquemos: eso debe empezar por cambiar a los gobernantes europeos en cada país. Para sustituirlos por otros, como Pierre Trudeau que ha creado en su Gobierno un Ministerio de Refugiados, Inmigración y Ciudadanía y ha hecho de Canadá un santuario al que llegarán en 2016 más de 50.000 refugiados sirios.

Así, deberíamos exigir el compromiso de los partidos que piden nuestro voto el próximo domingo 26 de junio con las cinco medidas mínimas propuestas por CEAR en su reciente informe 2016 Las personas refugiadas en Europa y en España, como primer paso en la política de refugiados:

  1. Retirada del apoyo de España al acuerdo entre la UE y Turquía. Exigir la inmediata suspensión de su aplicación e impugnarlo de forma asimismo inmediata.
  2. Inmediata reubicación en España de los refugiados que se encuentran en Grecia e Italia, en el número y procedimiento acordado para nuestro país.
  3. Inmediata puesta en marcha de vías legales y seguras para el acceso al derecho de asilo, mediante la recuperación de la posibilidad de solicitud en embajadas y consulados, emisión de visados humanitarios, flexibilización de los requisitos para reagrupación familiar, cumplimiento de los compromisos sobre reasentamiento, que deben ser ampliados con generosidad.
  4. Eliminación inmediata de los obstáculos para el derecho de asilo: acabar con las devoluciones ilegales en las fronteras de Ceuta y Melilla y supresión de la exigencia de visado de tránsito aeroportuario a lo sirios.
  5. Aprobación inmediata del Reglamento de asilo pendiente desde 2009 y trasposición inmediata de las directivas de asilo aún pendientes.

No apoyemos con nuestro voto el próximo domingo a ningún partido que no adquiera al menos esos compromisos.

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Ilustraciones. 1. Javier Bauluz. 2. Portada del libro Mediterráneo: el naufragio europeo. Javier de Lucas 3. Ilustración de Laura Navarro. 4. Escena del baile de la película Il gattopardo. Lucino Visconti.

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